17
de Diciembre de 2009
Dios
nos libre de todo mal
Estamos terminando un año muy crítico para la
sociedad, un año en el que a diario nos enteramos de
hechos que siempre creímos que sólo sucedían
en novelas policiacas o de terror, un año en que las
decisiones de los gobiernos federal, estatal y municipal provocaron
que se pierdan miles de empleos y con ello acrecentar la brecha
económica de nuestra sociedad, un año en que
la política de terror ha logrado su objetivo, sembrar
miedo en toda la sociedad.
Ante los grandes males que aquejan a nuestra sociedad y una
camarilla de gobernantes insensibles a dicha situación,
más preocupados por conservar el poder que en dar solución
real a los problemas, los ciudadanos de todo México
y los de Quintana Roo en particular, por las elecciones adelantadas,
debemos de analizar a detalle las necesidades urgentes que
requiere nuestra sociedad y de ahí plantearle a los
aspirantes a ocupar los cargos de elección los retos
que deben enfrentar así como obligarlos a comprometerse
de manera formal y con garantía de que cumplirán
sus promesas de campaña.
Tradicionalmente, en todo México, en tiempos electorales,
escuchamos muchas promesas, muchas buenas intenciones y el
sector social más desprotegido, más abandonado
y más golpeado por las políticas erróneas
recibe infinidad de regalos para comprar su voluntad y una
vez que se termina la elección, las cosas vuelven al
mismo lugar, promesas incumplidas, justificaciones vanas,
enriquecimiento de los funcionarios, tráfico de influencias,
corrupción descarada e impunidad ilimitada para quienes
no sólo van a prometer el cielo y las estrellas, sino
hasta nos ruegan que les demos nuestro voto, nuestra confianza,
para que una vez que estén sentados donde quieren,
nos pateen el trasero y cobren sueldos millonarios a nuestra
costillas; es decir, no se conforman con saquearnos y despreciarnos,
sino hasta además tenemos que mantenerlos.
Los mexicanos, si queremos en verdad que las cosas cambien,
tenemos la obligación de cambiar primero nosotros,
dejar de sentirnos menos que los gobernantes y hacerles ver,
muy claramente, que el salario que ellos se embolsan es producto
de nuestro trabajo, que es dinero que dejamos de llevar a
casa, para que ellos lo derrochen a manos llenas y sin miramientos,
además de todos los negocios ocultos que son tradicionales
en la administración pública.
Si en verdad queremos que la cosas mejoren, en este muy próximo
2010, año de elecciones para Quintana Roo, los ciudadanos
debemos de exigir a los aspirantes a ocupar cargos de gobierno
su lealtad con el pueblo, un comportamiento intachable en
cuanto a la administración de los recursos económicos
y más allá de escuchar promesas, debemos exigirles
las garantías suficientes para que cumplan sus promesas,
sus compromisos y su responsabilidad y en caso contrario que
renuncien al cargo, que dejen de perjudicar a la sociedad
de por si perjudicada por ellos mismo.
El propio Felipe Calderón, en su reciente propuesta
de reforma política nacional, en forma implícita
reconoce que el pueblo ya esta harto de los abusos de poder
que los políticos ejercen, deja en claro que la palabra
de los políticos no es confiable y propone implementar
la reelección de algunos funcionarios públicos,
aquellos que cumplan correctamente con sus responsabilidades,
sin embargo, la propuesta de Calderón no incluye la
figura legal de Revocación de Mandato, lo cual demuestra
que es una más de las mentiras de Felipe de Jesús
y es ese espacio legal el que debemos de exigir a los aspirantes
en la elección 2010, que acepten ser destituidos si
no cumplen con sus obligaciones legales y la honestidad que
tanto requiere la nación ya que si se incluye la figura
de reelección, es obligatorio incluir la Revocación
de Mandato, puesto que como es costumbre en el ambiente político,
hoy buscan la presidencia municipal, mañana una diputación
local o federal, una senaduría, la gubernatura y así
sucesivamente se mantienen de una teta a otra de la ubre del
erario público, por lo cual la reelección, como
premio tan sólo es uno más de los atoles con
el dedo que nos han recetado desde siempre.
ES CUANTO
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