05
de Abril de 2010
La conmemoración de 200 años de independencia
y 100 años de revolución debería de ser
un espacio de reflexión ciudadana en el que cada uno
de los habitantes de este país analice su situación
personal así como la social, un espacio para descubrir
con suma tristeza que el sacrificio de miles o tal vez millones
de humildes mexicanos, que la sangre que derramaron a lo largo
de la geografía nacional, no ha servido de nada ya
que sus sucesores, al contrario de ellos, se quedan callados,
se someten a los caprichos de los poderosos y permiten que
unos cuantos se apoderen de las riquezas nacionales, tanto
naturales como del producto del trabajo de los mexicanos en
una muestra de total ignorancia que prevalece en nuestra nación
a partir de la colonia.
Muchas son las similitudes del México de 1810, el de
1910 y el actual de 2010, muchos han pronosticado que en este
año debe de iniciarse un nuevo movimiento social en
nuestro país, ya que según esas personas, se
cumple un ciclo más de 100 años lo cual traerá
como consecuencia otra revolución, situación
que para un servidor es algo prácticamente imposibles,
por varios motivos, el primero de ellos es que simple y llanamente,
los mexicanos de hoy en día, a pesar de soportar las
mismas jodas (abusos de autoridad, corrupción, inseguridad,
impunidad, saqueo, cargas tributarias abusivas) por las que
se levantaron sus antecesores, lo más que nos atrevemos
a hacer es criticar a quienes cometen todo ese tipo de abusos
en nuestra contra, añorando el día de tener
la oportunidad de acceder a los espacios de poder para hacer
lo mismo.
El comportamiento de los mexicanos de hoy debe de provocar
que quienes ofrendaron sus vidas para que sus hijos, sus nietos
y todas sus generaciones pudieran vivir con honor y dignidad,
en un país libre, se retuerzan en sus tumbas por tanta
pasividad, por tanta bajeza y ruindad que permitimos que hagan
quienes ostentan el poder, además del grave insulto
que es, para la inteligencia de los ciudadanos, la simulación
democrática que aceptamos sin chistar, sin exigir que
se modifiquen las leyes a favor del pueblo, tal como lo consignaron
los constituyentes de 1917, en el artículo 39 de la
Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, el cual a la letra dice: La soberanía nacional
reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder
público dimana del pueblo y se instituye para beneficio
de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable
derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.
Si los mexicanos de hoy en día nos diéramos
a la tarea de hacer cumplir las leyes que nos legaron quienes
con sangre y dignidad lucharon contra la esclavitud, el fanatismo
y la ignorancia, exigiéramos el cumplimiento a los
precepto constitucionales, otro gallo nos cantara, pero debido
a la herencia cultural heredada de los europeos que invadieron
estas tierras hace casi 600 años, por la cual se privilegia
el desprecio a los pobres y la explotación sin medida
del hombre por el hombre, hoy, lo más que hacemos es
quejarnos de los malos gobiernos, de la inmensa corrupción
que como cáncer ha invadido a nuestra nación
y dejamos pasar por alto nuestras responsabilidades como ciudadanos,
la primera de ellas, cumplir y hacer cumplir nuestras leyes,
las cuales fueron ejemplo de civilidad y humanidad en 1917,
precursoras de muchos movimientos sociales de aquellas fechas,
en muchos países, los cuales lograron progresar gracias
a seguir el ejemplo de los constitucionalistas mexicanos.
Hoy en día, debido a la política saqueadora
que se ha ido imponiendo cada día en forma más
descarada, la pobreza se ha extendido en forma alarmante entre
la mayoría de los mexicanos, mientras que tan sólo
unos cuantos han logrado apoderarse de la riqueza nacional
mediante un modelo neoliberal que privilegia la ignorancia
del pueblo para satisfacer las ambiciones desmedidas de los
menos, violando flagrantemente los artículos constitucionales
25, 26 y 27, fracción XX, los cuales se refieren a
la obligación que tiene el gobierno para realizar una
planeación para el desarrollo nacional integral y sustentable,
orientando las actividades económicas que demande el
interés general en el marco de las libertades consignadas
en la constitución, en los cuales se incluye en forma
explícita a los campesinos olvidados, abandonados y
hasta humillados por el mismo gobierno que tiene la obligación
de proporcionarles un medio digno de sustento económico.
Como se podrá ver en estas líneas, el principal
problema que aqueja a nuestro país es la ignorancia
que se promueve desde los más altos círculos
del poder, ignorancia que es aprovechada por los que más
tienen para pactar en secreto con los políticos reformas
legales que les beneficien, que les permitan evadir impuestos,
tener condiciones laborales leoninas que les permitan seguir
explotando la mano de obra bajo condiciones inhumanas, situación
que se completará en perjuicio de los trabajadores
al momento que los Diputados y Senadores aprueben la reforma
a la Ley Federal del Trabajo, propuesta por el vendepatrias
actual y su títere Javier Lozano Alarcón, así
que desde esta columna y con todo el rigor que amerita el
caso, les exijo a los Diputados Federales y Senadores por
el Estado de Quintana Roo que antes de dar su voto de aprobación
a una más de las arbitrariedades del gobierno federal
en contra de la población, nos den la cara y justifiquen
con pruebas contundentes, los supuestos beneficios que esa
modificación legal les dará a los trabajadores
y no tan sólo alcen la mano para garantizar la candidatura
de Peña Nieto para la contienda presidencial del 2012.
ES CUANTO
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