El Pizarrin
Por: Eduardo Lara Peniche

05 de Abril de 2010

La conmemoración de 200 años de independencia y 100 años de revolución debería de ser un espacio de reflexión ciudadana en el que cada uno de los habitantes de este país analice su situación personal así como la social, un espacio para descubrir con suma tristeza que el sacrificio de miles o tal vez millones de humildes mexicanos, que la sangre que derramaron a lo largo de la geografía nacional, no ha servido de nada ya que sus sucesores, al contrario de ellos, se quedan callados, se someten a los caprichos de los poderosos y permiten que unos cuantos se apoderen de las riquezas nacionales, tanto naturales como del producto del trabajo de los mexicanos en una muestra de total ignorancia que prevalece en nuestra nación a partir de la colonia.
Muchas son las similitudes del México de 1810, el de 1910 y el actual de 2010, muchos han pronosticado que en este año debe de iniciarse un nuevo movimiento social en nuestro país, ya que según esas personas, se cumple un ciclo más de 100 años lo cual traerá como consecuencia otra revolución, situación que para un servidor es algo prácticamente imposibles, por varios motivos, el primero de ellos es que simple y llanamente, los mexicanos de hoy en día, a pesar de soportar las mismas jodas (abusos de autoridad, corrupción, inseguridad, impunidad, saqueo, cargas tributarias abusivas) por las que se levantaron sus antecesores, lo más que nos atrevemos a hacer es criticar a quienes cometen todo ese tipo de abusos en nuestra contra, añorando el día de tener la oportunidad de acceder a los espacios de poder para hacer lo mismo.
El comportamiento de los mexicanos de hoy debe de provocar que quienes ofrendaron sus vidas para que sus hijos, sus nietos y todas sus generaciones pudieran vivir con honor y dignidad, en un país libre, se retuerzan en sus tumbas por tanta pasividad, por tanta bajeza y ruindad que permitimos que hagan quienes ostentan el poder, además del grave insulto que es, para la inteligencia de los ciudadanos, la simulación democrática que aceptamos sin chistar, sin exigir que se modifiquen las leyes a favor del pueblo, tal como lo consignaron los constituyentes de 1917, en el artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el cual a la letra dice: La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.
Si los mexicanos de hoy en día nos diéramos a la tarea de hacer cumplir las leyes que nos legaron quienes con sangre y dignidad lucharon contra la esclavitud, el fanatismo y la ignorancia, exigiéramos el cumplimiento a los precepto constitucionales, otro gallo nos cantara, pero debido a la herencia cultural heredada de los europeos que invadieron estas tierras hace casi 600 años, por la cual se privilegia el desprecio a los pobres y la explotación sin medida del hombre por el hombre, hoy, lo más que hacemos es quejarnos de los malos gobiernos, de la inmensa corrupción que como cáncer ha invadido a nuestra nación y dejamos pasar por alto nuestras responsabilidades como ciudadanos, la primera de ellas, cumplir y hacer cumplir nuestras leyes, las cuales fueron ejemplo de civilidad y humanidad en 1917, precursoras de muchos movimientos sociales de aquellas fechas, en muchos países, los cuales lograron progresar gracias a seguir el ejemplo de los constitucionalistas mexicanos.
Hoy en día, debido a la política saqueadora que se ha ido imponiendo cada día en forma más descarada, la pobreza se ha extendido en forma alarmante entre la mayoría de los mexicanos, mientras que tan sólo unos cuantos han logrado apoderarse de la riqueza nacional mediante un modelo neoliberal que privilegia la ignorancia del pueblo para satisfacer las ambiciones desmedidas de los menos, violando flagrantemente los artículos constitucionales 25, 26 y 27, fracción XX, los cuales se refieren a la obligación que tiene el gobierno para realizar una planeación para el desarrollo nacional integral y sustentable, orientando las actividades económicas que demande el interés general en el marco de las libertades consignadas en la constitución, en los cuales se incluye en forma explícita a los campesinos olvidados, abandonados y hasta humillados por el mismo gobierno que tiene la obligación de proporcionarles un medio digno de sustento económico.
Como se podrá ver en estas líneas, el principal problema que aqueja a nuestro país es la ignorancia que se promueve desde los más altos círculos del poder, ignorancia que es aprovechada por los que más tienen para pactar en secreto con los políticos reformas legales que les beneficien, que les permitan evadir impuestos, tener condiciones laborales leoninas que les permitan seguir explotando la mano de obra bajo condiciones inhumanas, situación que se completará en perjuicio de los trabajadores al momento que los Diputados y Senadores aprueben la reforma a la Ley Federal del Trabajo, propuesta por el vendepatrias actual y su títere Javier Lozano Alarcón, así que desde esta columna y con todo el rigor que amerita el caso, les exijo a los Diputados Federales y Senadores por el Estado de Quintana Roo que antes de dar su voto de aprobación a una más de las arbitrariedades del gobierno federal en contra de la población, nos den la cara y justifiquen con pruebas contundentes, los supuestos beneficios que esa modificación legal les dará a los trabajadores y no tan sólo alcen la mano para garantizar la candidatura de Peña Nieto para la contienda presidencial del 2012.
ES CUANTO
Críticas, comentarios y mentadas, se reciben en larapeniche@hotmail.com


Hurancán

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