27
de Abril de 2010
Un futuro incierto
Ante las características muy particulares del actual
proceso electoral de Quintana Roo, a un servidor le queda
muy claro que lo que menos importa para quienes pretenden
ocupar los cargos de elección popular para suceder
a los actuales gobernantes de nuestro estado es el bienestar
y el progreso de la población.
Por un lado las prácticas cotidianas del partido oficial
no demuestran nada nuevo, aunque pretendan hacernos creer
que se renovaron, la verdad que se vive al interior sale por
todas las rendijas que se han abierto gracias a un proceso
de imposición oculto pero muy claro, la habilidad política
de quienes manejaron el proceso de selección de candidato
a gobernador fue insuficiente para ocultar la realidad del
tricolor y a pesar de que sus representantes aseguran que
hay cohesión al interior, los ciudadanos sabemos, por
comentarios de propios y extraños que existen muchos
priistas inconformes, sometidos a la decisión de los
de arriba, pero no convencidos de la selección de su
candidato.
La contraparte, emulando la práctica política
de Vicente Fox, adelantando los tiempos de promoción
electoral, utilizando técnicas añejas para obtener
información y tratando de hacer creer al pueblo que
dios esta inmerso en la política y envió a su
representanta a salvarnos del flagelo de la delincuencia,
no encuentra la forma de deslindarse de todos sus errores
y abusos de poder ya que nunca previeron que sus dos o tres
de sus oponentes tienen mucho más colmillo que todo
su equipo de campaña junto.
Como se dijo en esta columna al inicio de las precampañas,
por cierto, todas ellas simuladas descaradamente, ante el
proceso electoral los ciudadanos de Quintana Roo, en las campañas
políticas lo que más escucharemos serán
descalificaciones e incriminaciones de unos contra otros,
claro esta que al estilo propio del nivel de cada uno de los
contendientes, pero al fin y al cabo, lo único que
podremos obtener en las presentes campañas electorales
será información que nos permita conocer más
a detalle los gustos, aficiones y malas mañas de quienes
estén inscritos para contender en cualquier cargo de
elección popular, cosa que no debe ser desdeñada
pero si ubicada en un contexto real, en determinar que tanto
afecta al desempeño de un funcionario público
su preferencia sexual, su afición a las bebidas espirituosas
o cualquier práctica personal que no involucre al servicio
público.
Lo que realmente nos debe importar a los ciudadanos son las
características propias de los aspirantes en materia
de honorabilidad, de honestidad, de justicia y de todas aquellas
características que son de suma importancia para el
cumplimento legal de las responsabilidades de los diferentes
cargos públicos, debemos de conocer más de cerca
de quienes dicen estar preocupados por nuestro bienestar,
por el progreso del pueblo y de Quintana Roo, saber bien a
bien, las relaciones que tienen con los diferentes sectores
sociales, incluido el crimen organizado, puesto que no es
posible que pretendan hacernos creer que ellos no saben nada,
no tienen ningún nexo con las organizaciones criminales,
mientras que sus más cercanos colaboradores son investigados,
detenidos, arraigados y formalmente presos por su relación
con actos constitutivos de delito en cuanto a asociación
delictuosa y las distintas actividades ilícitas a las
que se dedica el crimen organizado, eso ni su propia madre
se los cree.
La verdad de las cosas y con un verdadero sentimiento de inseguridad,
desde esta columna comparto con todos los amables lectores,
mi desilusión por el progreso de nuestra sociedad quintanarroense,
estoy claro en que la presente contienda electoral no tiene
por ningún lado visos de promover espacios de mejora
social, las campañas electorales sólo son PAN
con lo mismo, promesas maravillosas, buenos deseos y un sin
fin de descalificaciones de unos contra otros, pero acciones
verdaderas para recuperar espacios laborales, para lograr
ofrecer salarios dignos, servicios de salud eficientes, educación
de alto nivel académico y servicios público
acordes con los que pagamos de impuestos, la recuperación
de la tranquilidad social, el fin de la corrupción
y la impunidad, estas sólo serán, como hasta
la fecha, meras promesas de campaña, porque en la realidad,
si quienes administran el dinero que el pueblo paga en forma
impositiva, en verdad se dedicaran a cumplir con sus obligaciones
legales, otro gallo nos cantara.
Si los funcionarios de elección popular cumplieran
con sus actividades en la forma que esta establecida en nuestra
constitución, no habría tanta corrupción,
tanta impunidad, tanto funcionario millonario en tan sólo
tres años de gestión gubernamental, en fin si
se cumplieran las leyes, yo apuesto que ninguno de los que
hoy anhela ocupar un cargo público tendría esas
aspiraciones, ya que a la mayoría de ellos se les pueden
fincar responsabilidades civiles y hasta penales, pero como
México es el país donde no pasa nada y todo
es posible, pues cualquier bandido aspira y ocupa los cargos
de elección popular para continuar con sus actividades
con la protección del fuero.
Por último, una pregunta que me enviaron al correo
electrónico ¿Cuál es la diferencia entre
un ladrón y un funcionario público? La respuesta
es simple: el ladrón elige a sus víctimas y
nosotros elegimos a los funcionarios públicos.
ES CUANTO
Críticas, comentarios y mentadas, se reciben en larapeniche@hotmail.com