26
de Enero de 2010
Fiebre
por el poder
No cabe duda de que en nuestro México los tiempos
electorales vuelven locos a muchos y no es por otra cosa que
la ambición desmedida y la fiebre de poder que representa
la oportunidad de ocupar un cargo público que garantiza
un sueldo muy por arriba de lo cotidiano para cualquier trabajador
durante, por lo menos tres años, tiempo durante el
cual nosotros, los contribuyentes, tenemos que mantener a
quienes llegan a esos lugares aunque no trabajen o si lo hacen
sólo es para fregarnos más.
Definitivamente que el sistema político de nuestra
nación ha quedado totalmente obsoleto, ya nadie cree
en las mentiras que nos recetan los interesados en hacerse
del poder que les otorga un cargo público, el cual
utilizan para enriquecerse a manos llenas, saquear las arcas
gubernamentales y hacer toso tipo de negociaciones que les
reditúan pingües ganancias, mientras que el pueblo
soporta estoicamente el aumento de impuestos, de productos
básicos, salarios mínimos ridículos,
abusos y atropellos a las garantías individuales, por
parte de esos, quienes unos meses antes van hasta nuestras
casas a hacer la farsa electoral de “convencernos”
para darles nuestro voto.
El inminente proceso electoral de Quintana Roo nos brinda
la oportunidad de reflexionar, de entender de una vez por
todas que ya es hora de poner un freno a tanta irresponsabilidad,
desfachatez, abuso, descaro e impunidad de esos que se creen
los dueños de nuestras ciudades y hasta de nuestras
vidas, no nos dejemos engañar una vez más, el
horno no esta para bollos, las necesidades básicas
del pueblo no están siendo atendidas como marca la
Constitución, o lo que es lo mismo, nuestros gobernantes
nos están defraudando, lo cual significa que están
cometiendo delitos contra la población y nadie se atreve
a levantar la voz para ponerles un alto definitivo.
En pocas semanas más y en forma abierta, porque desde
hace un mes lo estamos oyendo, quienes pretenden hacerse del
poder iniciarán sus letanías, sus promesas de
campaña en las que seguramente escucharemos algo parecido
a lo siguiente: “Realizaré una revisión
minuciosa de las cuentas públicas para castigar a quienes
se hayan beneficiado con el dinero público”,
“Trabajaré para que en esta colonia disfruten
de todos los servicios que merecen como ciudadanos”,
“Combatiré la corrupción en todas las
dependencias de gobierno para garantizar transparencia y se
aplicará la ley como corresponde”, “Garantizaré
la seguridad de todos los habitantes de Quintana Roo, depurando
las instituciones de seguridad pública, plagadas hoy
de delincuentes”, todas ellas serán, como siempre,
promesas vanas, palabras vacías o mejor dicho mentiras
al por mayor, puesto que la población ya sabe porque
es práctica cotidiana de los políticos, que
una vez que logran obtener el hueso y aseguran cobrar súper
salarios a nuestras costillas, además de todas las
tranzas que hacen en lo oscurito, toda esa parafernalia electoral
queda en el olvido.
Ahora bien, si nos ponemos a analizar quienes pretenden ocupar
los cargos de “elección popular” en juego
este año 2010, seguramente, quienes nos atrevemos a
reflexionar sobre las condiciones sociales y las actuaciones
de los funcionarios y políticos, tendríamos
un severo ataque de indignación, la verdad que en las
actuales condiciones de Quintana Roo, no hay algún
personaje que garantice una mejoría social, una salida
de las graves circunstancias a las que nos han llevado los
actuales gobernantes del estado, mucho menos si consideramos
que los candidatos tienen que rendir cuentas y pleitesía
al partido político que lo postule y por supuesto pagar
las facturas correspondientes, poniendo en cargos de importancia
y manejo de recursos o toma de decisiones, quienes sólo
llegan a llenarse los bolsillos a costa de las necesidades
del pueblo.
Por lo que desde esta columna, estimado lector, le invito
a reflexionar al respecto, a analizar quienes pretenden ocupar
esos cargos, porque en verdad la situación en que vivimos
actualmente en Quintana Roo ya no nos permite el lujo de seguir
manteniendo a zánganos oportunistas que nos cuestan
miles de millones de pesos al año y que no dan resultados
positivos para mejorar nuestra calidad de vida, porque nos
debe de quedar muy claro que esos personajes que nos humillan
y ofenden desde el gobierno son nuestros empleados, ellos
cobran de los impuestos que pagamos, por lo tanto son nuestros
empleados y no, como ellos creen y hacen creer, nuestros patrones.
ES CUANTO
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