El Pizarrin
Por: Eduardo Lara Peniche

26 de Enero de 2010

Fiebre por el poder

No cabe duda de que en nuestro México los tiempos electorales vuelven locos a muchos y no es por otra cosa que la ambición desmedida y la fiebre de poder que representa la oportunidad de ocupar un cargo público que garantiza un sueldo muy por arriba de lo cotidiano para cualquier trabajador durante, por lo menos tres años, tiempo durante el cual nosotros, los contribuyentes, tenemos que mantener a quienes llegan a esos lugares aunque no trabajen o si lo hacen sólo es para fregarnos más.
Definitivamente que el sistema político de nuestra nación ha quedado totalmente obsoleto, ya nadie cree en las mentiras que nos recetan los interesados en hacerse del poder que les otorga un cargo público, el cual utilizan para enriquecerse a manos llenas, saquear las arcas gubernamentales y hacer toso tipo de negociaciones que les reditúan pingües ganancias, mientras que el pueblo soporta estoicamente el aumento de impuestos, de productos básicos, salarios mínimos ridículos, abusos y atropellos a las garantías individuales, por parte de esos, quienes unos meses antes van hasta nuestras casas a hacer la farsa electoral de “convencernos” para darles nuestro voto.
El inminente proceso electoral de Quintana Roo nos brinda la oportunidad de reflexionar, de entender de una vez por todas que ya es hora de poner un freno a tanta irresponsabilidad, desfachatez, abuso, descaro e impunidad de esos que se creen los dueños de nuestras ciudades y hasta de nuestras vidas, no nos dejemos engañar una vez más, el horno no esta para bollos, las necesidades básicas del pueblo no están siendo atendidas como marca la Constitución, o lo que es lo mismo, nuestros gobernantes nos están defraudando, lo cual significa que están cometiendo delitos contra la población y nadie se atreve a levantar la voz para ponerles un alto definitivo.
En pocas semanas más y en forma abierta, porque desde hace un mes lo estamos oyendo, quienes pretenden hacerse del poder iniciarán sus letanías, sus promesas de campaña en las que seguramente escucharemos algo parecido a lo siguiente: “Realizaré una revisión minuciosa de las cuentas públicas para castigar a quienes se hayan beneficiado con el dinero público”, “Trabajaré para que en esta colonia disfruten de todos los servicios que merecen como ciudadanos”, “Combatiré la corrupción en todas las dependencias de gobierno para garantizar transparencia y se aplicará la ley como corresponde”, “Garantizaré la seguridad de todos los habitantes de Quintana Roo, depurando las instituciones de seguridad pública, plagadas hoy de delincuentes”, todas ellas serán, como siempre, promesas vanas, palabras vacías o mejor dicho mentiras al por mayor, puesto que la población ya sabe porque es práctica cotidiana de los políticos, que una vez que logran obtener el hueso y aseguran cobrar súper salarios a nuestras costillas, además de todas las tranzas que hacen en lo oscurito, toda esa parafernalia electoral queda en el olvido.
Ahora bien, si nos ponemos a analizar quienes pretenden ocupar los cargos de “elección popular” en juego este año 2010, seguramente, quienes nos atrevemos a reflexionar sobre las condiciones sociales y las actuaciones de los funcionarios y políticos, tendríamos un severo ataque de indignación, la verdad que en las actuales condiciones de Quintana Roo, no hay algún personaje que garantice una mejoría social, una salida de las graves circunstancias a las que nos han llevado los actuales gobernantes del estado, mucho menos si consideramos que los candidatos tienen que rendir cuentas y pleitesía al partido político que lo postule y por supuesto pagar las facturas correspondientes, poniendo en cargos de importancia y manejo de recursos o toma de decisiones, quienes sólo llegan a llenarse los bolsillos a costa de las necesidades del pueblo.
Por lo que desde esta columna, estimado lector, le invito a reflexionar al respecto, a analizar quienes pretenden ocupar esos cargos, porque en verdad la situación en que vivimos actualmente en Quintana Roo ya no nos permite el lujo de seguir manteniendo a zánganos oportunistas que nos cuestan miles de millones de pesos al año y que no dan resultados positivos para mejorar nuestra calidad de vida, porque nos debe de quedar muy claro que esos personajes que nos humillan y ofenden desde el gobierno son nuestros empleados, ellos cobran de los impuestos que pagamos, por lo tanto son nuestros empleados y no, como ellos creen y hacen creer, nuestros patrones.
ES CUANTO
Críticas, comentarios y mentadas, se reciben en larapeniche@hotmail.com


Hurancán

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