08
de Febrero de 2010
Castigar a los castigados
No cabe duda de que en nuestro México y particularmente
en nuestro Quintana Roo la falta de preparación, de
conocimientos o de profesionalismo entre los funcionarios
de gobierno es una constante que genera una serie de situaciones
que provocan el aumento de la descomposición social
que padecemos desde hace ya mucho tiempo.
Entre los severos problemas que aquejan a nuestra sociedad
se encuentra la participación de niños y jóvenes
en actos delictivos, situación cada día más
grave debido al gran número de menores de edad que
se integran a las pandillas urbanas, las cuales, tristemente,
hoy se dedican más a demostrar su resentimiento social,
realizando actos vandálicos y delincuenciales en lugar
de las actividades que hace muchos años realizaban,
como era el de formar equipos deportivos o culturales entre
los menores de cada una de las colonias y quienes dirimían
sus diferencias de maneras muy variadas y en ocasiones hasta
originales, sin embargo, la descomposición social que
han generado los últimos gobierno de México,
en todos los niveles, hoy han convertido a las pandillas de
jóvenes en grupos dedicados a desquitar sus limitaciones
contra quien se les pare enfrente.
Según las autoridades policiacas de Cancún,
en esta ciudad existen más de 150 bandas juveniles,
la mayor parte de estas dedicadas al vandalismo, situación
que cada día aumenta más, sin que las autoridades
correspondientes apliquen algún programa social que
frene este fenómeno, el cual nos cuesta mucho a los
ciudadanos, tanto en el aspecto económico, debido a
los robos y asaltos que cometen contra cualquier ciudadano
en forma personal, como en casa habitación o automóviles,
así como los recursos que emplean las dependencias
de seguridad pública para detener a los agresores juveniles,
los cuales bien pueden ser utilizados en programas de rehabilitación
social y educación para todos esos menores que han
sido olvidados por la sociedad.
Sin embargo a las autoridades y a los legisladores no se les
ocurre otra acción que no sea la de modificar las leyes
para incrementar las sanciones o bajar la edad penal para
los menores de edad, según ellos con la finalidad de
amedrentar a nuestros niños y jóvenes para que
desistan de participar en esos grupos sociales, situación
que deja en claro su total desconocimiento de los diversos
factores que orillan a los jóvenes a integrarse a esos
grupos que tanto daño causan a nuestra sociedad y a
ellos mismos.
Caso particular es el de la titular de la Agencia Especializada
Para Adolescentes de Quintana Roo, Xochitl Godínez,
quien anunció en días pasados que las autoridades
judiciales están elaborando una propuesta para modificar
algunos artículos de la Ley de Justicia para Adolescentes,
con la intención de que en la Ley se asegure la opción
de poder remitir a los jóvenes al Centro de Internamiento
de Chetumal y de esa forma inhibir las conductas delictivas
de los menores, situación que en lo particular, considero
una total falta de de conocimientos sobre el comportamiento
humano, especialmente en el de los niños y adolescentes,
puesto que según las teorías psicológicas,
la adolescencia es una etapa en la que la rebeldía
es una de las principales características sociales
de este grupo humano, así mismo, esta funcionaria ignora
que muchos de esos jóvenes se integran a las bandas
delictivas gracias a al problema económico de la mayor
parte de las familias de este polo turístico, puesto
que los padres, en el caso de que vivan ambos bajo el mismo
techo, trabajan más de 8 horas para poder llevar un
mendrugo de pan a su mesa, situación que provoca el
abandono de los hijos desde muy temprana edad y con ello el
resentimiento que ella misma asegura, tienen los jóvenes
contra sus padres, situación muy aventurada puesto
que la mayor parte de los actos delictivos de las pandillas,
los realizan en contra de otras personas, por lo regular contra
quienes no habitan en las cercanías de sus lugares
de residencia.
Por lo aquí expresado y con la intención de
colaborar con la Lic. Xochitl Godínez, desde esta columna
le sugiero que antes de reformar la Ley de Justicia para los
Adolescentes, primero investigue los orígenes de la
delincuencia juvenil, para que una vez que sea especialista
en el tema, en lugar de proponer penas mayores a los jóvenes
pandilleros así como la seguridad de llevarlos al Centro
de Internamiento de Chetumal, lo primero que debe de proponer
es que se asegure la inscripción y la permanencia de
los niños y jóvenes en la escuela, que en cada
escuela se implemente un servicio de apoyo psicológico
para los estudiantes y que el famoso Centro de Internamiento
implemente un programa de rehabilitación integral para
los adolescentes, en el que se les obligue a estudiar y a
aprender algún oficio que les permita reintegrarse
a la sociedad en forma positiva ya que el modelo actual de
dicho centro no es otra cosa que el de perfeccionamiento criminal
para los jóvenes que son internados y olvidados, cosa
que en lugar de remediar el problema lo agrava, puesto que
al salir de la reclusión, esos jóvenes se han
especializado mañas y trucos para continuar su carrera
delictiva, por lo que me pregunto ¿hasta cuando las
autoridades dejarán de mentirnos en este espinoso asunto
de la seguridad?
ES CUANTO
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