09
de Febrero de 2010
El poder del pueblo
Inicio el presente artículo con un fragmento del artículo
39 de la Constitución Política de nuestra nación,
en el cual se indica que: “…todo poder publico
dimana del pueblo y se instituye para beneficio de este. El
pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar
o modificar la forma de su gobierno.”
La intención de transcribir ese fragmento constitucional
no es otra que la de hacerle ver a la ciudadanía y
a los gobernantes de Quintana Roo y de México entero
que el pueblo que paga impuestos, el pueblo que sostiene el
obeso aparato gubernamental para que los funcionarios cobren
grandes salarios e inserten en la administración pública
a sus cuates y parientes, ese pueblo que vive engañado,
sometido y explotado por quienes no cumplen con sus obligaciones
constitucionales, es el que tiene el poder absoluto de decisión
en todos los actos de gobierno y eso no es prerrogativa exclusiva
de quienes, sintiéndose amos y señores de nuestra
sociedad hacen y deshacen a la medida de su antojo, vendiendo
toda clase de bienes públicos, haciendo todo tipo de
comercio con los servicios gubernamentales y enriqueciéndose
a manos llenas sin escrúpulos ni pudor, perjudicando
a ese pueblo que deja de llevar el pan a su mesa por pagar
sus impuestos, impuestos que servirá para que esos
irresponsables gobernantes vivan en la opulencia, mientras
el pueblo no tiene para comer, para su atención médica
ni educación.
Las actuales circunstancias por las que atraviesa nuestro
país requieren que se realicen cambios drásticos
en la administración pública, requiere de una
saneamiento total de nuestras instituciones, de una fumigación
que extermine de una vez y por todas a las ratas y parásitos
ineficientes que han permitido llegar a los extremos en los
que actualmente nos encontramos gracias a la ambición
desmedida de unos cuantos en el poder y los serviles legisladores
que sólo defienden y representan sus intereses personales
y se olvidan de sus obligaciones constitucionales, despreciando
al pueblo.
Una muestra de que la sociedad esta harta de las mentiras
y los engaños, abusos, corrupción e impunidad
de que gozan todos esos personajes oscuros de nuestra sociedad
es el grave caso de Ciudad Juárez, Chihuahua o como
en nuestro Cancún con el negocio-capricho de Gregorio
Sánchez al devastar el llamado ombligo verde, donde
las ciudadanía ya expresó su sentir y su desprecio
a todos los funcionarios públicos que todavía
creen que nos engañan con sus discursos mesiánicos
y sus promesas falsas, de lo cual ya estamos ¡hasta
la madre! (una disculpa por la expresión, pero no encontré
otra que defina con claridad lo que sentimos la mayor parte
del pueblo.)
Ante la indolencia, el desprecio y las mentiras cotidianas
de los gobernantes y funcionarios públicos, quienes
tratan de engañar al pueblo con versiones distorsionadas
de la realidad, el gobierno federal y estatal de Chihuahua,
pretenden hacernos creer que la ejecución de 16 jóvenes
estudiantes y deportistas es obra del crimen organizado, que
es una venganza entre delincuentes, cosa totalmente falsa
que indigno al pueblo de Ciudad Juárez y provocó
una reacción que debe ser tomada como ejemplo, la organización
social pacífica y ordenada para exigirle a esos irresponsables
gobernantes, que se dejen de mentiras y que cumplan con su
trabajo ya que para eso les pagamos.
En nuestro Cancún, Gregorio Sánchez, Lenin Zenteno
y la camarilla de lambiscones del pastor presidente, insisten
en hacernos creer que el rechazo a la destrucción de
lo poca de zona natural que nos queda, es únicamente
de Tulio Arroyo y su familia, la cual por cierto, es bastante
numerosa, ya llega a más de cinco mil personas y sigue
en aumento, motivo por el cual, el señor Gregorio debe
de ir pensando seriamente en frenar su ambición devastadora,
porque el pueblo de Cancún ya se está organizando
para darle un estate quieto, ante tanto abuso y mentira, así
que el pastor presidente debe de usar sus dotes artísticas
y cantar las golondrinas a su capricho, porque cuando el pueblo
despierte, de él no va a quedar nada, su carrera política
será únicamente el recuerdo de la peor pesadilla
que ha vivido el municipio de Benito Juárez, Quintana
Roo.
Por último y en otro orden de ideas (así lo
decía el buen amigo) desde esta columna expreso mi
dolor por la pérdida de un gran comunicador de Quintana
Roo, el compañero periodista Juan Emilio Calzonzin,
con quien compartimos algunos hechos de nuestra comunidad
e intercambiar opiniones para enriquecernos, por lo que no
me queda más que desear de todo corazón, que
su familia descubra que hoy, más que nunca, él
esta con todas ellas y en todo momento, descanse en paz aquel
que nos daba los buenos días con aquello de “usted
que durmió en hamaca y amaneció cuadriculado”.
ES CUANTO
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