09
de Junio del 2010
La misma historia 2
En la entrega anterior comentamos acerca de una de las características
predominantes en los movimientos sociales de México,
la ambición de poder de unos cuantos, quienes ante
la imposibilidad de lograr sus anhelos con sus propios recursos,
han utilizado la fuerza del pueblo para derrocar a quienes
les impiden acceder al poder y una vez en posesión
de dicho poder, olvidan sus compromisos con el pueblo que
ofrendó su vida en busca de lograr cristalizar sus
ideales.
En la lucha de Independencia, los criollos, en pos del poder,
convocaron al pueblo a la lucha armada y así lograron
expulsar a los españoles de la administración
gubernamental para crear una nación independiente,
la cual no logró consolidarse sino hasta la época
de la Reforma, etapa histórica en la que el país
fue dirigido en su mayoría por gente del pueblo, gente
que se preparó para dirigir los destinos de la nación,
con el compromiso firme de lograr hacer progresar a todos
los habitantes de la recién creada república,
compromiso que se evidenció con la promulgación
de las Leyes de Reforma.
La época de la Revolución no fue muy diferente
puesto que quienes desde una posición económica
desahogada y ante la imposibilidad de acceder al poder político,
iniciaron el movimiento social, aprovechando la inconformidad
del pueblo que como siempre ha sido explotado para el beneficio
de unos cuantos, situación que provocó la insurrección
armada que logró quitar del poder a Porfirio Díaz,
quien desvió sus acciones de los ideales de la Reforma.
Consciente de su realidad y en un gesto de honestidad, Porfirio
Díaz, el 25 de mayo de 1911 renunció al cargo
de Presidente de la República Mexicana, a tan sólo
seis meses de haberse iniciado la lucha armada, expresando
en su carta de renuncia que él no sería la causa
de más derramamiento de sangre mexicana, así
como el derroche de los recursos económicos del estado
y las repercusiones políticas que el movimiento armado
causara, lo cual demuestra que el origen de Porfirio Díaz
le permitió comprender su situación y dejar
el espacio libre para la reorganización social de México.
Esa reorganización social quedó plasmada en
la Constitución de 1917, documento original que tiene
un carácter inminentemente social, y que es su época
fuera ejemplo de justicia para un pueblo tradicionalmente
explotado por unos cuantos, sin embargo, quienes dirigían
los destinos de la nación no dieron cumplimiento cabal
a las disposiciones legales, contenidas en la nueva Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos, situación
que ha prevalecido hasta la fecha.
Hoy, en pleno siglo XXI, con un gobierno neoliberal, heredero
de los ideales conservadores, las circunstancias sociales
han retornado a situaciones sociales aún más
agresivas contra el pueblo, que las que se presentaron en
1810; es decir, el actual gobierno nacional de extracción
panista, mantiene a la sociedad en condiciones económicas,
políticas y sociales nunca antes vistas desde hace
poco más de 200 años ya que en la actualidad,
los habitantes de todo México vivimos condiciones peores
que quienes padecieron la explotación del Virreinato
puesto que en aquella época, la delincuencia no era
un mal social puesto que las autoridades castigaban severamente
a quienes infringían las leyes.
Ante las actuales condiciones políticas, sociales y
económicas en las que nos tienen los funcionarios públicos,
legisladores y políticos en general, nos permiten asegurar
que en el México del siglo XXI, la historia se repite,
unos cuantos explotan sin misericordia las necesidades primarias
del pueblo en pos de acceder al poder para seguir esquilmando
a quienes son la parte más importante de la sociedad,
los trabajadores que generan la riqueza que administran unos
cuantos, pero con una característica muy particular,
hoy los gobernantes no tienen autoridad alguna en la sociedad,
esta la han cedido a los grupos delictivos, quienes son los
que toman las decisiones trascendentales de nuestra nación.
ES CUANTO
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