30
de Marzo de 2010
La paja en el ojo ajeno
Ante la declaración del obispo de la prelatura Cancún-Chetumal,
Pedro Pablo Elizondo en la que acusa al SNTE como un organismo
defensor de pederastas y abusadores sexuales, a un servidor
le queda claro que como buen ser humano más corriente
que común, este prelado pretende ocultar las realidades
de su iglesia, considerando a esta como la organización
de seres humanos que hace uso de la religión para beneficios
personales, para satisfacer las ambiciones terrenales de sus
dirigentes, dejando a un lado las magnificas enseñanzas
de Jesucristo.
Para un servidor, esta declaración del señor
Elizondo no es otra cosa que una justificación muy
a la mexicana, particularmente en el ámbito político,
práctica utilizada por quienes no tienen un planteamiento
real de soluciones a los graves problemas que aquejan a nuestra
sociedad, práctica que ante el privilegio de los intereses
personales y grupales de quienes ostentan el poder pretende
ocultar la triste realidad de las instituciones, así
como su desmedida ambición, haciendo uso de la ignorancia
que promueven desde sus más altos ordenes jerárquicos.
Con esto, en ningún momento pretendo defender los abusos
sexuales que se cometen en el ámbito educativo, los
cuales en su gran mayoría han sido solapados por la
sección XXV del SNTE al proteger a los maestros que
incurren es esa deleznable práctica que afecta gravemente
a nuestra sociedad, particularmente a nuestros pequeños,
quienes sin deberla ni temerla pagan con creces la irresponsabilidad
de una sociedad enferma de corrupción, de simulación,
de hipocresía y de impunidad.
Según Pedro Pablo Elizondo, la vergüenza de la
iglesia es mínima ya que en los dos últimos
años, en todo México se denunciaron 18 casos
de pederastia sacerdotal, mientras que en tan sólo
en Quintana Roo, es ese mismo periodo han sido denunciados
entre 100, 200 o 220 maestros, según el prelado, con
lo cual pretende exculpar y minimizar las acciones aberrantes
de los ministros de la fe, quienes en su gran mayoría
han sido protegidos por la cúpula clerical, incluso
con el desembolso de grandes sumas de dinero para que los
afectados se queden callados y de igual forma que el SNTE
protege a estos delincuentes sexuales, la iglesia cambia de
adscripción a los involucrados para que la gente olvide
los casos.
En el colmo de la desfachatez, Pedro Pablo Elizondo asegura
que los docentes pederastas tienen un sindicato que los protege,
pero este señor no dice que le iglesia hace lo mismo
con sus integrantes abusadores, quienes con el poder económico
que tienen, incluso los envían a otros países
para protegerlos de las acciones legales, por lo que antes
de tirar una piedra, los prelados deben de auscultar detalladamente
y con honestidad total su proceder ya que quien esté
libre de pecado que tire la primera piedra, lo cual es una
enseñanza de Jesucristo, que esta gente que dice seguir
las enseñanzas del maestro no respeta.
Por lo aquí expresado y siguiendo los preceptos bíblicos,
desde esta columna le reitero a Don Pedro Pablo Elizondo,
que antes de juzgar la paja en el ojo ajeno, mida la viga
en el suyo propio, puesto que el tratar de minimizar las acciones
ofensivas de los clérigos católicos, acusando
a los maestros de hacer lo mismo que hacen sus subordinados,
no es otra cosa que una falta de respeto, una ofensa a toda
la sociedad principalmente a quienes profesan su religión
y repito, con esto no pretendo exculpar a los corruptos dirigentes
del SNTE, quienes, al igual que los dirigentes eclesiásticos,
protegen los abusos sexuales de sus integrantes.
ES CUANTO
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